Si sos de las que no les gusta festejar o no la pasás bien al tener que reunirte con familiares a quienes solo ves para estas fechas, te contamos cómo podés hacer para disfrutar de estos momentos y encontrarles el real sentido a estas fiestas.

Decidir con quiénes y en dónde pasarlas no siempre resulta sencillo. Algunos se juntan tradicionalmente con la familia, otros alternan también con amigos y hay quienes deciden pasarlas lejos de casa. Por supuesto, también están quienes prefieren no celebrar. Pero, ¿cuál es el verdadero sentido de estos festejos, más allá de lo religioso? ¿Cómo disfrutarlas y sentirnos a gusto con quienes nos encontramos?

“La mesa durante las fiestas es un poco la radiografía de lo que hicimos con nuestros vínculos”, dice el Dr. Pedro Horvat ─médico psiquiatra y psicoanalista─, para quien en ese momento se reflejan toda la alegría y el cariño que podamos tener con nuestros seres queridos, y también las ausencias o malestares.

En este sentido, al pensar cómo las pasaremos, es importante ser sinceros con nosotros mismos y poder elegir con quiénes queremos celebrar. “Una escena común es que nos juntamos a cenar a las diez de la noche, a las once ya terminamos y todos nos quedamos esperando que sean las doce porque nadie tiene nada que decirse. Si no tenemos nada que decirnos en Navidad o Fin de Año, es porque hay algo que no está bien en esas relaciones. Entonces, es hora de prestar atención a este tipo de cosas”, afirma Horvat.

Despojarse del “como si”

Las buenas relaciones se construyen con sinceridad, y en las fiestas esto no debe ser la excepción. Muchas veces por compromiso, costumbre o comodidad hemos aceptado pasar estos momentos junto a personas con las que no tenemos los mejores vínculos. En esos casos, como dice el profesional: “la mesa es un ʻcomo siʼ. Estamos acá como si fuéramos parientes o amigos que nos llevamos bien”. Sin embargo, no tenemos obligación de estar con quienes no queremos, por lo que “es hora de pensar si realmente esta es la gente con la que yo quiero compartir o no y, en cualquier caso, comprender los motivos”. Para lograr esto, la recomendación es comenzar a preparar la cena, en el sentido de pensar con quiénes quiero celebrar, con el tiempo suficiente para poder llevar adelante esa decisión de forma consciente y sin culpas.

Revisá tus decisiones

Parece que el 31 de diciembre marcara el final de algo y, si bien desde el año calendario esto es verdad, es una fecha que no modifica el sentido de nuestras vidas. Asimismo, su peso simbólico hace que sea un momento de balance, de analizar qué hicimos, qué nos falta o qué quisiéramos hacer. Esto tiene una gran carga emocional que, en algunos casos, puede influir en el ánimo festivo. Es por eso que la propuesta es: “Hacer el balance unos días antes de las fiestas para poder ver qué es lo que estoy a tiempo de cambiar. Se trata de una mirada introspectiva y sincera en el sentido de tener el valor de mirarme a mí mismo y decir con sinceridad lo que anduvo bien y lo que anduvo mal. Esto incluye un análisis de mi mundo vincular y mis relaciones personales. Pensar en cuántos vínculos se deterioraron o quedaron atrás por malos entendidos, silencios o por aquellas cosas que uno no se atrevió a decir o reconocer, y cuáles son aquellas personas con las que sí preferiría compartir”, dice Horvat.

Festejar lo vivido

Hay personas que se rehusan a celebrar, porque no son creyentes o porque consideran que estos días están desdibujados por lo comercial. Y en este sentido, el psicoanalista asegura: “La fecha es una excusa, nuestra vida está llena de pequeñas celebraciones que son momentos en los que socialmente compartimos todos un valor simbólico y nos reunimos para eso. Se trata de lo que representa en términos de unión, afecto y de ilusión”. Y afirma: “No hay una forma de celebrar, cada uno puede hacerlo como se le ocurra pero si no lo hacen, se estarán perdiendo algo. Si no le encuentran el valor tradicional, no hace falta que brinden a las doce, pero lo importante es que no se pierdan la posibilidad de reunirse con las personas que quieren”.

Así, destaca la diferencia entre festejar y augurar: “Uno tiene que festejar lo que hizo; no, lo que vendrá. Uno puede augurar cosas para lo que vendrá, pero eso no es festejar. Que lo que haya para celebrar sea lo que conseguimos, lo vivido, lo construido vincularmente y, obviamente, augurar para que el año próximo nos volvamos a encontrar y tengamos más cosas por las que brindar”.

De esta forma, podremos decir que el real sentido de festejar está en celebrar la vida, cada uno a nuestro modo y junto a las personas que elegimos para recorrerla.

COMENTARIOS