Una combinación de meditación y autoestiramiento que te transporta a una tradición milenaria con técnicas que renuevan tu energía vital, fortalecen el cuerpo y armonizan la mente.

 

Desde la meditación es posible conectarnos con nosotras mismas y también con otras culturas, siguiendo sus tradiciones y creencias. Es lo que sucede al practicar Ruesri Dat Ton, más conocido como Yoga tailandés o Thai yoga.

Se trata de un arte curativo cuya traducción literal significa “auto-estiramiento o ejercicios de estiramiento del ermitaño tailandés”. Era practicado por los monjes que vivían en la naturaleza, en los bosques o la montaña, quienes “entendían el cuerpo no sólo desde la anatomía, sino también desde líneas energéticas o sen (meridianos) por donde circula la energía vital. A través de la meditación y el autoestiramiento, abrían esos canales y reestablecían la libre circulación”, explica Nicolás Narváez, director y profesor de la Escuela Wai Masaje Tailandés.

Esta técnica tiene una importante influencia de la medicina ayurveda y del yoga de la India, sin embargo logró poner su propia personalidad al combinar secuencias de movimientos en los que se trabaja la respiración, la coordinación, la fuerza y el equilibrio que proporcionan control físico y mental, además de una gran elasticidad y fortaleza de todo el cuerpo.

Cómo se practica

Las clases pueden ser grupales o individuales. Tiene más de 200 ejercicios de los cuales 80 son posturas básicas y, por lo general, son sólo 18 las que se enseñan para que el ruesri (así se llama a quien practica Yoga tailandés) pueda realizarlo también en su casa. Se combinan ejercicios de respiración, automasaje, acupresión, posturas, mantras y meditaciones.

No hay límite de edad ni impedimentos para quien quiera aprender: es importante tener en cuenta que “demanda mucha concentración y equilibrio”, aclara Narváez.

La ropa es un punto fundamental, ya que influirá en la liberación de energía. Por lo tanto, el especialista aconseja utilizar fibras naturales “para que las tensiones y sobrecarga energética fluyan de mejor manera y no queden atrapados entre los tejidos sintéticos”.

Un poco de vida zen

El trabajo con el cuerpo y la energía ayuda a conectar con los planos físico, mental y espiritual. Así fortalece el sistema inmunológico y permite el desbloqueo de los canales de energía “sen sib”, que es por donde fluye la energía vital cuya obstrucción, según la medicina tradicional tailandesa, es el origen de las enfermedades.

Cada postura puede ayudar a lograr un bienestar terapéutico en más de 60 problemas de salud, como el dolor de espalda, malestar abdominal, dolor de cabeza y migrañas, dolor lumbar, hemorroides, mareos y vértigos, náuseas, calambres musculares, problemas en la articulación de la cadera, debilidad en las rodillas, malestar en cuello y hombros, entre otros.

Múltiples beneficios. Es también un eficaz método para la eliminación de toxinas, mejora la movilidad de las articulaciones, armoniza el sistema nervioso, reduce el estrés y la ansiedad, mejora la postura y el equilibrio, estimula el sistema digestivo y la circulación, alivia el insomnio, reduce la fatiga y genera fuerza interior.

En la respiración se encuentra la principal diferencia con otros tipos de yoga, ya que el tailandés trabaja con la apnea reteniendo el aire en los pulmones algunos segundos durante la fase estática de las posturas de estiramiento. Los resultados son la oxigenación de las células del cuerpo y el cerebro y el aumento de la capacidad pulmonar. Se llega a un profundo estado de descanso y relajación, calmando la mente y tonificando el cuerpo.

Practicar Ruesri Dat Ton o Yoga tailandés es “un trabajo de autoconocimiento para habitar el cuerpo, fortalecerlo y liberar el dolor. Quien lo realice se puede apropiar de esto como un camino de vida, ir explorando y alcanzando cada vez más profundidad en cada postura”, aconseja Nicolás Narváez.

 

Podés contactarte con Escuela Wai Masaje Tailandés por Facebook: https://www.facebook.com/wai.masajetailandes/

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