Alcanzar la coherencia emocional y poder reinterpretar las experiencias vividas en el pasado, transformándolas en aprendizajes para gestionar mejor las situaciones presentes y futuras son el objetivo de la Bioneuroemoción. En esta nota te contamos de qué se trata.

 

La búsqueda del bienestar emocional muchas veces se ve frustrada por recuerdos, experiencias y emociones que nos desvían de ese objetivo. Sin embargo, una comprensión profunda del origen de nuestros conflictos emocionales puede ayudarnos a lograrlo y así transformar hábitos y creencias para mejorar nuestra calidad de vida.

A través de la Bioneuroemoción, método creado por el psicólogo catalán Enric Corbera que estudia la relación entre cuerpo, mente y emociones, se busca que las personas encuentren su libertad emocional, fruto de su coherencia y equilibrio interno. “Señalar la culpabilidad en los demás o en uno mismo, o supeditar lo que queremos hacer a lo que creemos que tenemos que hacer son dinámicas que generan un desequilibrio interno”, dice Corbera y afirma que esta práctica “ofrece la posibilidad de que la persona se responsabilice de sus acciones y decisiones, y que estas contribuyan a su coherencia y le ayuden a la resolución de sus conflictos”.

Lo primero es la familia

Es en la adolescencia donde el desequilibrio se hace más evidente por la presión que ejerce la sociedad en los jóvenes en cuanto a las expectativas sobre su vida adulta. Hay estudios estadísticos que concluyen que Argentina es uno de los países que refleja un menor índice de bienestar emocional en el mundo entre los chicos de 15 a 21 años: más del 80% piensan demasiado en problemas y se sienten en general ansiosos, acosados, poco amados o solos. Pero, antes de resignarnos, es importante entender que “la familia es el entorno primordial en el que se forma nuestra personalidad y que todas las experiencias previas al nacimiento, así como toda nuestra infancia, van a conformar nuestra forma de ver y entender el mundo que nos rodea y, por lo tanto, van a condicionar nuestra vida”, afirma el psicólogo y agrega que “la función de la familia es la de proporcionar al niño un entorno emocional que pueda garantizarle una capacidad de adaptación al entorno cultural al que pertenece. Esta adaptación será mayor según la posibilidad de cada progenitor de gestionar sus emociones y de la relación que establezcan entre ellos. Según sea este entorno, el niño formará sus creencias, sus capacidades, su confianza en sí mismo y su forma de responder al mundo”.

Liberarnos de las creencias impuestas

Las emociones tienen un rol central en la forma sobre cómo percibimos la realidad, al conectarnos con experiencias pasadas de nuestra propia historia. “En muchas ocasiones nos hacen percibir la realidad de una forma asociativa en lugar de creativa. Lo que vivimos lo asociamos con otras experiencias, en lugar de verlo como realmente está sucediendo y esto puede nublar nuestro juicio objetivo y entonces expresar respuestas desproporcionadas o descontextualizadas. Para evitarlo, es importante que sepamos distinguir entre lo que percibimos descriptivamente y lo que forma parte de nuestra interpretación, es decir, lo que inferimos a partir de nuestra percepción”, advierte el especialista.

El elemento principal de trabajo de la Bioneuroemoción es el cambio de percepción y la comprensión de la información transmitida por la cultura y la familia para liberarnos de mandatos establecidos que nos limitan en nuestras decisiones y sentimientos. “En ocasiones, podemos encontrarnos con un tipo de herencia que, aunque es adaptativa, está descontextualizada. Se produce entonces la lucha inconsciente de mantener las creencias de nuestro entorno más cercano y mantener las lealtades invisibles, o seguir los dictados de nuestro corazón y atender nuestra voluntad, favoreciendo nuestro crecimiento como individuos diferenciados”, explica el licenciado Enric Corbera. Esta última opción es la que debemos lograr, ¿cómo hacerlo?:

  1. En primer lugar, hay que tomar conciencia de las situaciones en las que nuestras emociones nos avisan de que “algo anda mal” y se está produciendo una incoherencia entre lo que hacemos y lo que sentimos. Probablemente, ese bloqueo tendrá relación con una creencia que nos impide expresarnos como realmente lo haríamos. Identificar los momentos en los que dicha creencia se activa es el primer paso para hacerla consciente y no dejar que actúe por nosotros de forma involuntaria.
  2. Una vez hayamos realizado ese proceso de introspección, detectaremos cuál es la creencia y comprenderemos en qué momentos se activa. Sólo entonces seremos capaces de disociarnos emocionalmente cuando volvamos a revivir una situación parecida y, de este modo, podremos comenzar a gestionar la misma situación de forma distinta.

Los hábitos o creencias que nos limitan emocionalmente y que debemos modificar serán distintos según cada persona, sin embargo a nivel general el psicólogo catalán afirma que “cualquier creencia o hábito que no nos haga más libres o más felices deberá ser revisado”. Pero no se trata solamente de cambiarlo, el proceso es un poco más complejo: “Antes hay que comprenderlo, saber qué necesidad se esconde detrás en lugar de juzgarlo como inadecuado sin más. Para ello, debemos entrenar la autoindagación, observarnos con curiosidad, sin juicio, sabiendo que todo esconde una intención positiva, pero, al mismo tiempo, haciéndonos responsables de nuestra realidad y de cómo queremos vivirla”, dice. Sin dudas, es un esfuerzo movilizante, pero vale la pena si nos conduce a lograr el objetivo de llegar a nuestro propio bienestar emocional.

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