A través del movimiento, esta técnica permite un mejor desempeño en todas las áreas, aumentando la concentración y el aprendizaje así como la integración y la empatía social.

 

A simple vista, una clase de euritmia pedagógica no resulta muy diferente a una de danzas o expresión artística. Los niños se mueven al ritmo de la música, aplauden y hacen pequeños cuadros coreográficos. Sin embargo, es mucho más que eso.

“El Arte del Movimiento”, como así la llamó el filósofo y educador Rudolf Steiner, consiste en moverse de modo armonioso y buscando la belleza para, de este modo, expresar los estados de ánimo y así transformar en un medio de comunicación.

“A través del movimiento, los gestos corporales y la creación de formas y relaciones en el espacio, se busca expresar la esencia del lenguaje hablado y musical en sus gestos arquetípicos. La euritmia pedagógica, tanto para grupos escolares como extraescolares, consiste en ejercicios grupales de percepción del movimiento propio, del espacio y de la dinámica grupal” explica la euritmista Ailin Heuer.

A través de la actividad artística, profundiza la capacidad de concentración y aprendizaje en los niños, por lo que sus resultados influyen en todas las áreas educativas y en cada materia. Es por ello que, si bien la euritmia puede ser practicada a cualquier edad, su aporte cuando son pequeños es fundamental. Las escuelas Waldorf son las iniciadoras de esta técnica, pero ya existen numerosos talleres y espacios que también la promueven.

Heuer detalla que los beneficios de practicar este arte desde pequeños, son:

A nivel individual, agudiza la orientación espacial, la coordinación y el equilibrio, mejora la capacidad de aprendizaje y concentración, armoniza las emociones y aporta un bagaje cultural al conocer y trabajar profundamente textos literarios de calidad (poesías, versos, canciones, cuentos, entre otros) pertenecientes a la cultura propia y a otras culturas, así como composiciones musicales variadas de diferentes épocas.

A nivel social, al trabajar formas espaciales y coreografías grupales establecidas o creadas por los propios niños o jóvenes, se practica el percibir el lugar propio y el lugar de los otros, la espera, la tolerancia, la integración para el logro de una creación artística conjunta.

Euritmia toda la vida

Si de adultos se continúa con esta práctica regularmente, Ailin Heuer asegura que “ayuda a ejercitar una mirada focal y otra periférica, a percibirse tanto interior como exteriormente haciendo de esto con el tiempo una ejercitación anímica que incrementa notablemente la vitalidad del adulto”. Por supuesto que ya no será la euritmia pedagógica la que se realice, sino alguna de sus otras especializaciones como:

Euritmia artística escénica: se practica en ensambles o a veces solista para presentar obras en escenarios, además incluye coreografías, concepto general, música en vivo, iluminación, vestuario, entre otros.
Euritmia higiénica o vital: consta de ejercicios grupales de percepción, sobre todo del propio cuerpo, la postura y el movimiento, haciendo hincapié en aquello que es saludable y aporta vitalidad al día a día.
Euritmia social: trabaja la relación entre las personas, en equipos laborales o diferentes grupos, para ayudar a un mejor entendimiento de las partes, una relación horizontal, abarcando desde la propia conciencia el rol de cada persona dentro de un equipo y reforzando el esfuerzo de cada una de ellas para lograr los objetivos comunes.
Euritmia terapéutica: es practicada de forma individual como terapia de la mano de un euritmista terapéutico (requiere una formación adicional), que utiliza y adapta los elementos eurítmicos (los arquetipos del lenguaje, hasta la cualidad de cada fonema individualmente) según las necesidades de cada paciente y su constitución física y vital, para trabajar patologías o problemáticas específicas desde una mirada holística de la salud.

Sin dudas, los beneficios de este arte son muchos y van más allá del movimiento corporal y de la edad. Instruye desde pequeños sobre competencias humanas y ofrece herramientas como concentración, escucha, percepción exacta, voluntad de aprendizaje, capacidad para aprender, sentimiento de la verdad, solidaridad, coordinación de piernas y brazos, presencia de ánimo, la acción rápida, la visión conjunta de grandes contextos y competencia social, que implementarán a lo largo de toda su vida y en distintas situaciones.

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