¿Te preguntás por qué la comida que ves en las publicidades no se ve igual en la realidad que en la imagen? Es que atrás de cada fotografía de alimentos hay una preparación que combina lo gastronómico con lo estético para mostrar, a través del Food Styling, un plato que te lleve a sentir todo su sabor, olor y textura como si lo tuvieras en tus manos.

 

Marcela Lovegrove hizo su primera foto de comida en 1978, sin saber que lo que estaba haciendo años más tarde se llamaría Food styling y que hoy, por la moda de fotografiar y subir todo a las redes sociales, la ecónoma pasó a ser una Food stylist. “Es un oficio que existe desde hace muchos años, pero con otro nombre. Esto viene desde que se dejó de dibujar la comida, como se hacía en los libros de recetas de Doña Petrona, y se empezó a fotografiar. Ahí se comenzó a tomar conciencia de que saber cocinar no era suficiente, yo puedo saber cocinar muy bien y sin embargo no saber cuál es el mejor ángulo para mostrar un sándwich, los mejores colores para rodearlo, cómo hacer para que el rulo del queso no se aplaste o para que mi hamburguesa no se me ponga cada vez más negra”, explica.

El Food stlyling, entonces, se trata de preparar comida o alimentos con el propósito de ponerlos frente a una cámara, ya sea para fotografiar o filmar. No solo a los alimentos sino también a los elementos que hay a su alrededor. “Nos encargamos de comprar, armar, cocinar, conseguir la vajilla y definir el estilo para luego, en un trabajo en equipo con el fotógrafo, hacer la foto en la que la comida se luzca y se vea más tentadora e impactante”, dice Marcela.

Una imagen para comer

¿Cuántas veces quisiste comerte esa hamburguesa que viste en un afiche publicitario o sentiste que el aroma de esa sopa humeante traspasaba la pantalla? “La imagen tiene que transmitir sabor y poder tentarnos a cualquier hora porque uno puede encontrarse con ella en un momento del día que no sea el apropiado. Mi objetivo es despertar de quien está mirando la imaginación de que eso está caliente, cuando probablemente no lo esté, y el deseo de decir ¡qué rico!”, afirma la ecónoma y para eso hay tres cosas que no pueden faltar en su composición:

• Tiene que tener impacto visual;

• Tiene que tener impacto visual;

• Tiene que estar bien hecha, pero para la cámara, no necesariamente para comer. No interesa si está rico, sino que se vea rico;

• Hay que cuidar estética, detalles, buena luz, colores, una buena aproximación de la cámara.

“Así como una modelo antes de pararse frente a una cámara se maquilla, peina y produce por más hermosa que sea, con la comida pasa lo mismo”, comenta la especialista, pero aclara que “el problema de los alimentos es que se van poniendo feos con el tiempo. Si tengo una milanesa con papas fritas y un huevo frito encima, a los quince minutos ese huevo se enfrió y se arrugó todo. La carne se pone más oscura, la mayonesa se pone más naranja y gelatinosa, la pizza se enfría y se ve mal, por ejemplo”. Es por eso que detrás de esa imagen irresistible hay mucho cuidado y técnica para que ese alimento se vea tan real y como recién hecho a pesar de tener horas en el set de producción.

No todo es lo mismo. “Una cosa es hacer Food styling y otra es ser o trabajar de Food stylist. Esto es como el que dice tengo una cámara, hago lindas fotos, soy fotógrafo… pero nada de eso lo convierte en fotógrafo. Entonces, saber cocinar, tener lindos platos o mantelería, entender algo de luz no te convierte en Food stylist. El Food styling lo hace cualquier persona que saca una foto de comida, buena o mala, porque hace una pequeña composición con lo que tiene. Pero ser Food stylist es saber manejarte en un set de filmación, saber de técnicas para que la comida se fotografíe con el efecto que el cliente espera, saber interpretar a los equipos de Marketing”, aclara.

 

TODO CAMBIA

Así como la moda va cambiando nuestra forma de vestir o de decorar una casa, también va modificando el estilo de mostrar las imágenes de comidas. “Las fotos antes eran más contextuales: si se hacía una foto de un plato de pastas, se lo ponía sobre una mesa con el queso, las servilletas, el vaso, etc., hoy se lo puede poner arriba de una piedra sin ningún otro accesorio porque es concepto puro, imagen. No es necesario poner las cosas en el contexto en que se van a comer. Esto crea un impacto mayor porque estoy más cerca de la comida, es más conceptual”, explica Marcela Lovegrove.

La inmediatez, la tecnología, el compartir también han hecho que el interés por mostrar imágenes de comida se extienda a la vida cotidiana y todos sintamos la necesidad de hacer clic antes de probar el primer bocado. “La comida ha adquirido un valor principal desde que los chefs pasaron a ser celebrities a nivel mundial. Las redes sociales y la televisión han hecho muy poderosa la imagen de la comida. Todo toma una import

ancia que antes no tenía. Profesionales, intuitivas: todos en algún momento sacamos una foto a lo que estamos comiendo o a lo que acabamos de cocinar”, dice Marcela y, para ayudarnos a transmitir algo atractivo similar a lo que estamos viendo en vivo y en directo aconseja tener en cuenta: la luz, el tiempo que vamos a demorar, dónde lo apoyaremos y el estilo que queremos darle, que puede ser a grandes rasgos:

Rústico: madera, piedras, telas con mucha textura.
Romántico: colores pasteles, puntillas, bordados, luz suave.
Moderno: laja negra, mármol, luz con más carácter.

Buscá tu mejor vajilla, ese mantel con el bordado de la abuela o esos modernos accesorios con una onda más actual. Animate a jugar con los colores, las texturas, los espacios para sentirte como una verdadera Food Stylist y que la cámara despierte todos los sentidos en un instante.

 

Podés contactar a Marcela Lovegrove
E-mail: talleres@marcelalovegrove.com.ar
Web: http://marcelalovegrove.com.ar/

 

*  Créditos fotos: ©mdimage – Mariela Díaz photo / Juan Van Oyen @juanvanoyen

 

 

 

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