Si te gusta disfrutar de los festejos típicos de diciembre acompañada de una rica copa de tinto o espumante, te contamos cuáles son los más recomendables para degustar en la previa, durante la cena y con el brindis.

 

Compartir una copa de vino es sinónimo de charlas, momentos entre amigas y reflexiones inesperadas. Desde el ritual de su elección hasta cómo servirlo y degustarlo, todo tiene su magia y esto se potencia durante las fiestas de fin de año. Con las primeras visitas y hasta el brindis por el año nuevo, ya sea blanco, tinto o espumante, está presente en cada ocasión.

“El vino ocupa un lugar importante a la hora de agasajar, armonizar un menú y engalanar una mesa. Tanto es así que en las comidas formales y en los brindis siempre los vinos, con burbujas o sin ellas, son sin dudas los elegidos indiscutidos” dice Natalia Valentina Suárez, sommelier y docente de la Escuela Argentina de Vinos (EAV).

Si sos de las que empiezan temprano con los preparativos y los vas acompañando con un rico trago, la sommelier te da algunos consejos para disfrutarlo y llegar sin problemas a la celebración de la noche:

• Lo ideal es empezar con vinos livianos y de poca estructura, de manera que transitemos las diferentes etapas de la velada pudiendo disfrutar de todo.
• Es mejor empezar con blancos frescos y jóvenes sin madera o rosados del año. Los espumantes secos (nature, brut nature o extra brut) son ideales como aperitivos ya que despiertan las papilas gustativas y nos preparan para lo que vendrá con la cena. Animarte a los espumantes para empezar, y hasta para cenar, será una gran experiencia para tus sentidos, ya que no siempre la burbuja es sinónimo de brindis.
• La opción de aperitivos con vinos espumantes es ideal para la previa, puede ser un Aperol Spritz o un Kir Royal.
• Para las que sólo toman tinto, la mejor elección para empezar temprano son los que no llevan madera y son frescos como pinot noir, merlot, tempranillo o malbec.

Al llegar la noche, cuando la mesa está servida y nos reunimos para celebrar la Navidad o el Fin de Año, Natalia Valentina Suárez recomienda elegir los vinos según el menú y así “hacer que la experiencia completa sea también una fiesta para el paladar”:

• Lo primero que se debe considerar es la regla más básica de maridaje: la densidad. Si son platos livianos, el vino debe ser también liviano, joven, fresco, de poca estructura y no demasiado alcohólico. Si es más complejo, graso y estructurado, la bebida deberá tener más cuerpo, taninos, volumen, madera y acidez para lograr que exista la armonización que consiste en que el plato y el vino se acompañen (no queremos que se tapen uno al otro).
• Si la comida tiene mucha acidez, como puede ser una vinagreta o un ceviche, en este caso la acidez del vino debe ser igual o superior para que no parezca chato o plano. Se recomienda evitar los tintos con mucha carga tánica ya que harán que todo parezca muy amargo.
• En las preparaciones suntuosas o grasas, tener en cuenta que siempre es bueno que haya más estructura en los vinos, mayor acidez y taninos para generar sensación de frescura y limpieza al paladar.
• Si van a cenar un pescado graso, que el vino blanco tenga algo de madera o buena acidez.
• Para un plato de cordero, es aconsejable un Pinot Noir con muy buena acidez o bien alguno con cuerpo, tanino y madera. Todo dependerá de la cocción y la guarnición.
• Para una comida con mariscos, pensar en espumantes secos y vinos blancos frescos es la mejor opción.
• Para el postre y la mesa dulce, sin dudas los vinos dulces en todos sus estilos (cosechas tardías, dulces naturales, ice wines, encabezados, espumantes dulces) por similitud, siempre serán la mejor opción. Aunque pienses que te van a empalagar, rompé el miedo y animate a probar, porque algo mágico va a pasar.

 

LA TRADICIÓN DEL BRINDIS

Se acercan las doce de la noche y todos nos aseguramos de tener nuestra copa llena, cuenta regresiva y ¡a brindar! Pero ¿de dónde viene esta tradición? Según Suárez, hay varias leyendas: “Se cree que su origen está vinculado a la antigua Roma, donde para asesinar a alguien era usual que se envenenaran los líquidos de las copas. Entonces, los anfitriones, como símbolo de confianza, chocaban fuertemente las copas con sus invitados, lo que producía que el líquido pasara de una a otra y, de este modo, quedaba claro que no había habido ningún tipo de envenenamiento, pues todos bebían lo mismo. Otra teoría afirma que, también en la antigua Roma, se decía que cuando bebemos un vino se disfruta con todos los sentidos menos con el oído. Por eso, con el choque de copas, se hacía que este sentido también participara del goce que producía esta bebida”.

Sea cual sea la opción que más te guste, levantá tu copa, mirá a los ojos y celebrá la vida junto con los tuyos. ¡Salud!

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