No sé adónde iré, pero me voy. ¿Venís conmigo?

 

¿Quién es capaz de dudar cuando una amiga le pide que la acompañe? Puede ser en un momento difícil o puede ser en búsqueda de una gran aventura, que cuando la imaginamos produce una sonrisa, y, generalmente, no lo dudamos y vamos.

Hay muchas frases hechas referidas a la amistad, “Amigos: la familia que elegimos”, “Amigos son aquellos que te ven llorando y te dicen: ¿a quién hay que matar?”, “Un amigo es con quien se puede hacer nada y disfrutar de ello”: con todas uno se siente identificado, al menos en mi caso.

Crecí con padres rodeados de amigos, y me educaron con la fuerte convicción de que una de las cosas más importante en nuestra vida es la amistad. Y agradezco tenerlo tan incorporado. Los amigos, claramente, son la familia que elegimos a lo largo de nuestra vida, son con los que nos reímos descontroladamente, con los que lloramos sin medirnos, con los que nos entendemos sin hablar.

Si bien cada vez las fechas se hacen más comerciales, tengo la teoría que el día del amigo se festeja, se celebra, porque no hay nada más gratificante que encontrarte rodeada de gente que conocés de toda la vida o que tal vez conociste de grande, pero creaste un vínculo tan fuerte que pareciera que así lo fuera. La amistad es un amor incondicional por la otra persona, la amistad profunda es esa en la que das con placer sin esperar nada a cambio y después te das cuenta de cuánto recibís.

Tengo amigas cerca, amigas lejos, amigas del colegio, de la facultad, de mis trabajos, de soltera, de casada y hoy disfruto con cada uno, cada rato que compartimos: cafés, asados, veranos, inviernos, fiestas, momentos difíciles y momentos geniales.
Disfruto tenerlos y, sin duda, eso hay que celebrarlo. ¡Feliz Día!

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