Cada año se realizan más tratamientos de fertilidad. ¿Por qué en los últimos años se hizo foco en su cobertura a tal punto de convertirla en una ley? La respuesta es simple: no hay oferta sin demanda, sin dudas, pero, ¿qué hizo que creciera la demanda?

Una cuestión cultural y biológica

Muchas mujeres se pasan años utilizando métodos anticonceptivos para evitar el embarazo. Planifican el momento justo, el perfecto, y no dan el paso hasta sentirse completamente seguras, conscientes, preparadas.

Hoy las mujeres comienzan a pensar en la idea de ser madres después de los 35 años. Ya no nos asombra ver a una mujer de 45 años con panza porque la mujer de hoy elige aplazar la maternidad para terminar de estudiar, para trabajar, ascender, viajar. Esto tiene un lado B. Porque cuando decidimos que por fin queremos ser madres, el obstetra nos dispara sin vueltas frases como: “vas a tener un embarazo de riesgo”, “Sos una madre añosa”, “Tus óvulos no serán de muy buena calidad”. Sí, nos hacen sentir que ya no podemos.

Es ahí cuando aparece la ciencia para ofrecernos múltiples tratamientos, iguales a lo que hace quince años veíamos en el cine como ciencia ficción.

Para todo caso particular, la medicina tiene una respuesta: Inducción de la Ovulación  Fertilización In Vitro, Transferencia de gametos a las Trompas de Falopio, Inseminación Artificial proveniente de un donante, Inseminación IntraUterina con o sin Superovulación, Donación de Óvulos con In Vitro, Inyección Intracitoplásmica de Esperma más In Vitro y la subrogación de vientre.

Muchas parejas no se someten a uno sólo de esos tratamientos, empiezan con el más simple hasta probar el más complejo. La carrera puede terminar con el éxito de conseguir ser padres o madres o con la resignación de emprender otro camino.

 

Detrás del deseo

Algunos dicen que es cultural y otros que es instintivo, pero la realidad es que crecimos educadas para ser madres, jugando con el bebote, la mamadera, la nena que lloraba y a estar embarazadas.

Si no logramos el embarazo deseado, dicen los psicólogos que lo tomamos como un castigo. Esto quizá sea algo más subjetivo, pero lo que sí es general son los sentimientos de frustración, depresión, desilusión y angustia, que repercuten en otros planos de nuestra vida, con frecuencia en la misma pareja.

Nuestra naturaleza tiene límites, la ciencia no. ¿Cuál es el tuyo?

 

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