Familia

¿Chau papillas?

La alimentación complementaria es clave para su desarrollo del bebé.  La tradición indica que las papillas son su primer contacto con un alimento, pero diferentes especialistas aseguran que darles comida en trozos debería ser el inicio natural de su primer vínculo con los sólidos.

 

La relación entre un bebé y los alimentos no siempre comienza de una manera amigable. Sabores que se rechazan, papillas que terminan salpicadas por todos lados y avioncitos que muchas veces deben volver a las pistas con la carga llena.

“El segundo semestre de la vida es una ventana de oportunidad para conocer los alimentos, sus diferentes sabores, texturas, temperaturas, etc. No hay que enseñarles a comer, la función materna / paterna radica en ofrecer alimentos y compartirlos con ellos. El bebé cuando esté preparado irá conociendo los alimentos, experimentando, explorando y paralelamente desarrollando sus habilidades motoras y masticatorias para obtener nutrientes de esos alimentos cuando verdaderamente los necesite”, explican Karina Eilenberg -Médica especialista en Pediatría- y Sabrina Gatti Wosner -Médica especialista en Medicina General y Familiar-, ambas mamás y creadoras de los Talleres de Crianza Olilú.

En sus talleres sobre alimentación para bebés aprovechan la oportunidad para reflexionar acerca de lo que hemos hecho y estamos haciendo con nuestra salud, hábitos y demás temas de lo cotidiano. “La alimentación nos atraviesa en todas las etapas de la vida. Nos une, reúne, nos invita al ritual, pero también se ha convertido en causa de conflictos con uno mismo y con los entornos. El vínculo que hemos desarrollado con el alimento claramente excede a su función nutricia. Comemos por diversos estados emocionales, por angustia, ansiedad, euforia. El momento donde se crearon esas relaciones disfuncionales con la comida no es otro más que en el inicio mismo de la alimentación” afirman y consideran que “los bebés pequeños, inmaduros desde varios aspectos, son sin embargo seres puramente emocionales. Por ello, lo que suceda hoy deja una impronta en su ser y será la reacción primaria que tengan a la hora de comer el resto de su vida”.

Rompiendo mitos

La llegada de un bebé a la familia provoca muchos miedos e incertidumbre, no solo en los padres sino también en quienes tengan la responsabilidad de cuidarlo. Cada adulto, con o sin experiencia, tiene su propio librito, por eso Karina y Sabrina proponen un espacio donde compartir dudas y experiencias, son entre dos y cuatro encuentros en los que asisten bebés de entre 6 y 12 meses en compañía de quienes sean responsables de su crianza: madres, padres, abuelos, abuelas, cuidadores. “Es preciso revisar conceptos muy arraigados en torno a este momento, y para eso se requiere del compromiso y la participación de la familia toda. Es fundamental revisar el “cómo” iniciamos ese vínculo. Los bebés merecen ser sujetos activos de su propia alimentación. La tradición, errada y desinformada a veces, nos ha llevado a comenzar de una forma muy antinatural, donde los niños lejos de ser protagonistas, solo deben abrir la boca y aceptar cucharas de “alimentos” que nosotros jamás comeríamos”, comentan.

Alimentación libre de papillas

Las profesionales indican que “para que un bebé pueda ser protagonista, necesita gestionar sólo los alimentos. Visto desde ese lugar, debemos ofrecérselos en un formato adecuado. Lejos de las papillas tradicionales, manejadas y administradas por otro”. Ese formato es el de la comida en trozos. Pero antes hay que vencer los miedos que muchos adultos tienen de que se puedan atragantar o ahogar. “Los factores de riesgo para el ahogo, es decir el total bloqueo de la vía aérea, no tienen que ver con la textura, sino con situaciones comunes para los adultos y los bebés como la posición y la autonomía. Cualquiera de nosotros puede asfixiarse si come acostado o si otro manipula los alimentos por nosotros. No es más frecuente con trozos que con papillas”, aseguran las creadoras de Olilú.

Frutas cortadas en trozos grandes, verduras cortadas en bastones, al vapor o al horno por ejemplo, croquetas de legumbres, son algunas de las opciones que Karina y Sabrina recomiendan dar a los bebés en lugar de las clásicas papillas.

Es una forma, también, de poder incorporarles desde pequeños una alimentación variada, rica y sana. Pero, como todo, no tendrá buenos resultados si no lo acompañamos desde el ejemplo. “Empezar por casa es empezar por nosotros mismos. Revisar nuestra historia alimentaria, redescubrir los alimentos a la par de ellos, cuestionarnos qué llevamos a la mesa todos los días, volver a cocinar y encargarnos de ese ritual tan preciado y hermoso. A medida que lo hagamos, los más pequeños van a seguirnos. Debemos saber que conforme crezcan empezarán a aparecer la selectividad, los “no, porque no”, los “puaj”, y también los entornos y la sociedad. Lo importante es lo que sucede a diario en nuestras mesas. La oferta variada, la comida casera, la preparación conjunta con ellos, hacerlos partícipes desde el día uno de la elección y preparación del menú. Y luego, no juzgar, ni etiquetar sus elecciones. No enojarnos porque no quieran comer algo, o no se hayan terminado el plato. No ofrecer premios ni propiciar castigos si no se portan como nos gustaría a la hora de comer. No hay más clave que comportarse como nos gustaría que se lo hagan con nosotros mismos: respetándonos”, aconsejan.

La alimentación es un proceso madurativo, por lo que cada niño tiene sus propios tiempos. Sin embargo, los 6 meses son un momento clave para comenzar a incorporar texturas y sabores que luego perdurarán en su elección. Tanto Karina como Sabrina coinciden en que “a esta edad los distintos sistemas y aparatos del organismo (digestivo, renal, inmune) tienen la maduración suficiente para tolerar alimentos distintos de la leche. Por eso es una ventana crítica donde debemos encargarnos de ofrecer, y mostrar. No DEBEN comer, PUEDEN hacerlo, y están ávidos y curiosos, por lo que está bueno aprovechar este momento para que conozcan los alimentos”.

 

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