Prestar atención a sus señales  y conocerlo nos ayuda a entender los diferentes ciclos y a prevenir ciertos padecimientos. En esta nota, la mirada de la especialista Pabla Pérez San Martín, que propone recurrir a la sabiduría ancestral y a los alimentos que brinda la naturaleza para complementar con los recursos científicos.

 

Pabla Pérez San Martín es una investigadora chilena, escritora, partera y autora del Manual Introductorio de Ginecología Natural que, en su tercera edición, refuerza la importancia de seguir las huellas de las tradiciones perdidas. Dialogó con ciento de mujeres latinoamericanas para rescatar los saberes que favorecn la sanación integral de la salud a través del autoconocimiento y gestión del propio cuerpo.

 

¿A qué te referís con el término autogestión de la salud o del cuerpo femenino?

Sencillamente, me refiero a hacernos cargo de nosotras mismas. Por ejemplo, una breve autoexploración mensual de nuestro cuerpo que incluya observación, tacto, olfato y registro. Ya es un gran paso para el autocuidado y la autogestión de nuestra salud porque se va creando un hábito. Claro, estamos más bien acostumbradas a delegar esa práctica, de manera que un profesional de la salud se hace cargo de ese asunto cuando nuestro cuerpo explota, pide ayuda y llama la atención con una incomodidad como síntoma de un desequilibrio. Pero si estuviésemos ocupadas en nosotras mismas, prestándonos atención un tiempo mínimo, estaríamos evitando muchos de estos “problemas”. A esto, le podemos sumar las medicinas naturales que vayamos sintiendo/escuchando que necesitamos: hierbas, ejercicios, masajes, etc., y en este punto, investigar y reconocer qué es lo que nos hace bien y en qué momento. Es un paso fundamental porque las mujeres repetimos patrones de padecimientos que reaparecen de manera cíclica en nuestras vidas y con este punto trabajado ya podríamos, en vez de correr a un médico, recurrir a nuestra sabiduría interna, que cultivamos con mucha atención y amorosidad hacia nosotras mismas.

¿Cómo se puede combinar la ginecología natural con la medicina tradicional?

Antes que nada el asunto es conocerse, ocuparse de una misma. Es tan fácil aprender de todo lo que nos rodea, pero adentrarnos en nosotras mismas suele ser un pasaje pantanoso y complejo del cual siempre escapamos. Y cuando nos adentramos, el rompecabezas de nuestro caos comienza a tomar sentido. Tampoco digo que la vida comience a ser color rosa y los problemas ya no aparezcan más, pero sí que ayuda a crecer y a hacer el camino más consciente. Si nos conocemos y comprendemos nuestros ciclos y procesos, será más fácil no sufrir violencia obstétrica, por ejemplo, porque la información es PODER, poder que las mujeres hemos perdido con la total pérdida del conocimiento de nosotras mismas. Si tenemos ese saber, podremos usar mucho mejor la medicina tradicional, a la que yo prefiero llamar alópata porque de otro modo se generan confusiones. Lo tradicional es mucho más antiguo que la medicina moderna que conocemos y se nos ha impuesto.

¿Son complementarias?

Es importante aclarar que no promovemos en nuestro proyecto que las mujeres dejen de asistir a sus controles, exámenes y consultas médicas porque sí es necesaria siempre la visión de un profesional, sobre todo para los exámenes como el PAP y para situaciones de riesgo. Más bien apuntamos al autocuidado como forma de vida para habitar un modo más saludable de existir. Con la medicina alópata hay que hacer una alianza y trabajar en mutua colaboración; no por sobre ni por debajo de esta, que es una herramienta que tenemos que aprender a usar.

¿Cómo ves a la mujer actual, sobre todo en Sudamérica, en cuanto a su conocimiento en este tema?

Nos veo cada vez más conscientes y empoderadas. La verdad es que hace diez años casi no se escuchaba en Chile, al menos, el concepto de “violencia obstétrica”, por ejemplo. Yo lo conocí en Argentina con el excelente trabajo de Sonia Cavia, una partera militante muy comprometida con la salud de las mujeres. En estos últimos años, el movimiento y la conciencia sobre la importancia del autocuidado y autoconocimiento está creciendo rápido porque se siente como una necesidad gigante.

¿De qué manera influyen y colaboran las tradiciones y los saberes ancestrales?

Usar las tradiciones ancestrales, como las prácticas de las sanadoras, rezadoras, componedoras de huesos, yerbateras y parteras, es una gran herramienta en nuestro trabajo, forma parte de nuestro marco teórico y es la base de nuestra propuesta. Habitamos un continente rico en estos saberes y sólo necesitamos dar un pequeño paso para llegar a ellos. Son sumamente accesibles, efectivos, económicos, amorosos, poco invasivos y, lo más importante, tienen un contexto/raíz. Usar las medicinas de nuestras ancestras, de nuestras abuelas, vecinas, tías, etc. mantiene viva una tradición que nosotras vemos sumamente útil en la autogestión de la salud. Podemos aprender a hacernos un masaje, unos brebajes de yerbas y mantenerlas en nuestro botiquín para siempre, para toda la familia. Lo más hermoso es que al escarbar en estos saberes las mujeres siempre recuerdan algo que saben, rememoran a las mujeres mayores de su linaje y siempre, siempre, reaparecen saberes que vieron, aprendieron o escucharon. Está en nuestra raíz histórica. No es volver al pasado; es sólo recordar el origen.

En tu libro Manual introductorio a la Ginecología Natural compartís recetas de sanación con hierbas medicinales. ¿Podrías comentarnos algunas y sus beneficios?

Existen muchas y para situaciones diversas. Siempre me gusta comentar que promover recetas aisladas no sirve de nada. Todo debe tener su contexto y comprender que una planta medicinal funcionará en nuestro organismo siempre y cuando llevemos una alimentación equilibrada y un montón de otros hábitos acordes a una vida saludable. De lo contrario, le estaremos pidiendo mucho a una hierba o receta naturista. Por ejemplo, mantener una alimentación poco saludable, que incluya el consumo de harinas refinadas, alcohol, tabaco, grasas, etc. y al mismo tiempo esperar que una planta medicinal nos solucione la vida es absurdo. Por eso hablo de la coherencia y del contexto para que alguna receta naturista nos funcione. Al mismo tiempo, una receta puede funcionar perfecto para una mujer y no hacerle nada a otra, y no hablo de un asunto de suerte, sino de que cada una necesitará de una medicina en particular para sanarse. Aquí viene de nuevo el autoconocimiento. El camino no es nada fácil; por eso es más sencillo y rápido ir a un médico, pedir una receta, comprar en la farmacia y olvidarnos. Es la lógca del sistema capitalista, ¿no?, que tiene todo sentido con el estilo de vida que se lleva en las grandes ciudades. Pero podemos escapar de esa lógica comenzando de a poco por eliminar viejos hábitos dañinos para con nosotras mismas.

Regresando a la pregunta, podría hablar de ciertas plantas medicinales y/o comestibles que utilizamos mucho, que recomendamos siempre tener y que tienen principios activos muy útiles para padecimientos frecuentes en la salud sexual de las mujeres. Aquí van algunas, pero recomendamos profundizar en nuestros libros y en nuestra web que se estrenará en marzo/abril (www.ginecosofia.com):

Ajo: antibiótico, usado en casos de infecciones y hongos vaginales.

Vinagre de manzana orgánico: equilibra la flora vaginal. Es usado en casos de infecciones por cándida o candidiasis.

Cálendula (Calendula officinalis): Emenagoga (sus principios activos pueden estimular el flujo sanguíneo en el área de la pelvis y el útero), analgésica y cicatrizante. Es utilizada para desequilibrios menstruales.

Salvia (Salvia officinalis): Antiséptica y antibiótica. Utilizada para sanar hongos vaginales y problemas de lubricación vaginal e infertilidad.

Borraja (Borago officinalis): Diurética y antiinflamatoria. Utilizada como reguladora hormonal y para tratar el síndrome premenstrual.

Hinojo (Foeniculum vulgare): Carminativa y tónica estomacal. Utilizada para ayudar en el proceso de lactancia y dolores menstruales.

Hojas de frambueso: Tónico uterino. Utilizada como reguladora hormonal en padecimientos de síndrome premenstrual, para la preparación de un parto y en el trabajo de parto mismo.

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