Al llegar a esta edad, ya no se deja cambiar el pañal, no quiere comer, dice a todo que no, hace berrinches y está re pegote. A no alarmarse: todo eso indica que tu hijo está creciendo en forma saludable.

Tu hijo ya empezó a caminar. Lo ves dar sus primeros pasos y te emocionás hasta las lágrimas. ¡Y cómo no! ¡Es un logro más que importante! Caminar permite a tu bebé descubrir el mundo que existe a su alrededor desde otra óptica. Ahora que puede mantenerse parado, ve las cosas de un modo diferente a como las percibía cuando estaba casi siempre acostado, en brazos, sentado o gateando. Esta nueva perspectiva visual amplía su capacidad de conocimiento y de contacto con los objetos que lo rodean. Y eso no es todo: los progresos en su locomoción no solo le permiten desplazarse con mayor seguridad sino también un mejor manejo de sus manos, que se vuelven cada vez más diestras.

En este período, predomina la conducta motora. El pequeño deambula de acá para allá, disfrutando a pleno de su capacidad muscular. Es incansable. Pasa todo el día ocupado en vaciar cajas, armarios, bibliotecas, abrir puertas, cajones y todo lo que encuentra a su alcance.

Sube, baja, trepa. Prefiere las actividades intensas, como manipular objetos de gran tamaño. Duerme menos que antes, pero tiene energía más energía que nunca.

¡No para un minuto! se quejan las mamás. ¡Y con justa razón! No te pasa únicamente a vos: todos los nenes de 15 meses son así. Si comenzaron a caminar cerca del año, ya han tomado más confianza, sus movimientos se van afianzando, y eso los alienta a intentar nuevos desafíos. No solo quieren probar que pueden caminar sino también arrojar objetos, agacharse, esconder cosas en los lugares más insólitos, o bailar cuando escuchan música.

Con cuatro ojos

Te maravillás y disfrutás de sus progresos, pero al mismo tiempo no ganás para sustos cuando te distraés un minuto. Es que de un momento a otro pasa de estar sentadito jugando con sus cubos a treparse de un mueble ni bien te das vuelta.

En su cuna o en su sillita, tu hijo estaba seguro y protegido de caídas y golpes. Pero ahora, su nueva habilidad puede ponerlo en peligro en numerosas oportunidades, porque su curiosidad sumada a la falta de conciencia del peligro es una pésima combinación. De ahí que la presencia de un adulto atento y responsable que se encargue de cuidarlo se vuelve imprescindible.

Un mar de lágrimas

El pequeño explorador no sabe de peligros, y tampoco está dispuesto a saber de obstáculos. El problema es que en pleno momento de emoción, cuando está descubriendo todas sus posibilidades motrices, cuando de la noche a la mañana todo parece ser diversión, ¡los adultos intentan frenar su actividad! Sumado a eso, su propio cuerpo aún no acompaña con total destreza las ideas que surgen en su mente. ¿Consecuencia? Sus deseos se ven limitados, y eso lo provoca una frustración que expresa haciendo berrinches. No te confundas, no son caprichos. Está enojado porque sus aventuras se ven interrumpidas y eso no le gusta.

¿Qué hacer para que entienda que determinada situación no es adecuada para él o puede ponerlo en peligro? Consolalo, abrazalo, y explicale los motivos de tus “¡No!”. Pero mantenete firme.

Siempre con dulzura. A esta edad, los chicos suelen calmarse rápidamente y reorientar su interés hacia otra actividad.

Volver a empezar

Hasta que comenzó a caminar, podías higienizarlo y cambiarlo con total tranquilidad. Ahora, es posible que eso también haya cambiado. Sucede que no quiere parar un minuto, y el cambio de pañales aún sigue estando entre las prioridades de los adultos y no de los bebés. Así, esta tarea que ya dominabas a la perfección te presenta un nuevo desafío: cómo pegar los abrojitos en medio de un ajetreo constante, de llantos, pataleos, cambios de posición… Y si te descuidas, hasta se baja de la cama y sale corriendo con la colita al aire. No te preocupes, en poco tiempo vas a conseguir cambiarlo en tiempo récord, ¡y hasta ponerle el pañal mientras está parado!

Está creciendo

Ya no se deja cambiar el pañal, no quiere comer, dice a todo que no, hace berrinches y está re pegote. Pero todo eso es señal de que tu hijo está creciendo en forma saludable.

No desesperes, esta etapa también tiene fecha de vencimiento: la intensidad de sus manifestaciones comenzará a disminuir alrededor de los 2 años, aproximadamente. A esa edad los chiquitos alcanzan más destreza en sus movimientos, y son capaces de conservar la presencia de mamá aun en ausencia de ella. Ambas cosas te darán el merecido descanso por estos ajetreados meses.

Con el asesoramiento de:

Dra. Mariana Czapski

Psicología – Especialista en psicología clínica.

 

Gentileza: Ahora Mamá

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