Somos  parte  de  los  personajes  ficticios  que  nos  inspiran,  esos  que  perfilan un antes y un después en nuestra realidad. Averigüemos por qué.

 

Hay    libros,    canciones,    actores,    escritores,    personas    que    delinean pensamientos,   ideas   y   personalidades.   Provocan   admiración,   encanto, esperanza y algunos también repudio.

Después  de  todo,  vivimos  de  las  historias,  de  la  información,  nos  alimentamos  de ellas y ellas de nosotros. Robert Mckee, en el libro El guión lo explica muy bien: “Nuestro deseo de historias refleja la profunda necesidad humana por comprender la pauta  de  la  vida,  no  solamente  como  ejercicio  intelectual,  sino  dentro  de  una experiencia muy personal y emotiva. En palabras del dramaturgo Jean Anouilh: «La ficción da forma a la vida» (…) ¿Por qué? porque las historias nos aprovisionan para la vida”.

No importa el formato, película, tema, personaje, mitología, libro… sea como sea nos regalan una historia que luego apropiamos o desdeñamos.

Algunos  llegan  a  ser  de  todos,  universales,  marcan  una  generación,  una costumbre,  su  historia  e  identidad.  ¿Quien  pudiera  negar  que  las  preguntas de El  Principito  son  un  claro  exponente  de  las  respuestas  que  ansiamos?  ¿Quién diría que Mafalda no tiene razón? ¿Quién no querría poder modificar su  realidad  como  Don  Quijote  para  realizar  sus  sueños?  ¿A  quién  no  le gustaría ser Paloma de la canción para llenar el envase vacío?

¿Qué personaje ficticio marcó tu vida para siempre? ¿Y real?

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