Cuando pasamos por momentos difíciles, como separaciones, pérdida de un ser querido o alguna crisis de salud o laboral, sentimos que todo se nos viene abajo y que será muy difícil superar ese momento. Sin embargo, con paciencia y algunas técnicas  podemos sobreponernos mucho más rápido y de una manera saludable.

 

La resiliencia es la capacidad para adaptarse y superar la adversidad. Esto no quiere decir que nos transformemos en seres que no sufren o se angustian, sino que al ser resilientes podemos “rebotar” de una experiencia difícil, haciendo que no nos afecte de una manera irreparable. Para eso, hay que estar dispuestos a seguir una serie de pasos que nos ayuden a adaptarnos y a estar mejor preparados para enfrentar las situaciones que no dependen de nosotros o que pueden cambiar dramáticamente nuestras vidas.

Las relaciones de cariño y contención, ya sea dentro de la familia o en la vida social, son fundamentales para desarrollar la resiliencia. También es importante tener una visión positiva de nosotros mismos y confianza en nuestras capacidades.

La Asociación Americana de Psicología, redactó un ensayo donde sugiere “Diez formas de construir resiliencia”:

Vínculos sanos. Es importante establecer buenas relaciones con familiares cercanos, amistades y otras personas importantes en tu vida. Aceptar ayuda y apoyo de personas que te quieren y escuchan fortalece la resiliencia. Ayudar a otros que te necesitan también puede ser beneficioso.

Evitar ver las crisis como obstáculos insuperables. No podemos evitar que ocurran eventos que producen mucha tensión, pero sí podemos cambiar la manera como los interpretamos y reaccionamos ante ellos. Se debe tratar de mirar más allá del presente y pensar que en el futuro las cosas mejorarán. Mientras nos enfrentamos a las situaciones, debemos observar si hay alguna forma sutil en que nos sentimos mejor.

Aceptar que el cambio es parte de la vida. Es posible que como resultado de una situación adversa no nos sea posible alcanzar ciertas metas. Aceptar las circunstancias que no podemos cambiar, nos puede ayudar a enfocarnos en las circunstancias que sí puede ser alteradas.

Moverse hacia nuestras metas. Debemos desarrollar algunas metas realistas y hacer cada día algo que nos permita movernos hacia ellas, aunque parezca que sea un logro pequeño. En vez de enfocarnos en tareas que parece que no podemos lograr, es necesario que nos preguntemos acerca de las cosas que sí podemos lograr hoy y que nos ayudan a caminar en la dirección hacia la que queremos ir.

Llevar a cabo acciones decisivas. En situaciones adversas, tenemos que actuar de la mejor manera que podamos. Tomar acciones decisivas es mejor que ignorar los problemas y las tensiones y desear que desaparezcan.

Buscar oportunidades para descubrirse. Como resultado de una lucha contra la adversidad, las personas pueden aprender algo sobre sí mismas y sentir que han crecido de alguna forma a nivel personal. Muchas personas que experimentaron tragedias y situaciones difíciles han expresado tener mejoría en el manejo de sus relaciones personales, un incremento en la fuerza personal (aun cuando se sienten vulnerables), la sensación de que su autoestima ha mejorado, una espiritualidad más desarrollada y una mayor apreciación de la vida.

Cultivar una visión positiva de sí mismo. Desarrollar la confianza en nuestra capacidad para resolver problemas y confiar en nuestros instintos ayuda a construir la resiliencia.

Mantener las cosas en perspectiva. Aun cuando nos enfrentemos a eventos muy dolorosos, debemos tratar de considerar la situación que causa tensión en un contexto más amplio y mantener una perspectiva a largo plazo. Lo aconsejable es evitar agrandar el evento fuera de su proporción.

Nunca perder la esperanza. Una visión optimista permite esperar que ocurran cosas buenas en nuestra vida. En vez de preocuparnos por lo que tememos que pueda pasar, es más positivo tratar de visualizar lo que queremos.

Cuidarse a uno mismo. Es importante que prestemos atención a nuestras necesidades y deseos, interesándonos en actividades que disfrutemos y encontremos relajantes. Cuidarnos a mantener la mente y el cuerpo listos para enfrentarnos a situaciones que requieren resiliencia.

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