Alguien lo dijo alguna vez, o simplemente me lo pregunto yo, ¿seremos como manejamos?

* Por María Freytes y Julia Rufener

 

A mi me patina el arranque; para ir al gimnasio, para ir a cortarme el pelo cuando ya está sin forma, para encarar esa receta a la que le tengo ganas hace tiempo. Me patina el arranque para el sexo y para ir a la plaza si me lo pide Jaime. Me patina el arranque los lunes, los martes y a veces los sábados. Me cuesta subirme al auto frío, esperar a que caliente y desempañe. Al espíritu le da fiaca ponerse a rodar. Ahora; cuando logro mi humus casero, cuando Jaime emboca la sortija en la quinta vuelta de calesita o cuando por fin hago lo que tengo que hacer con mi marido, agradezco haber puesto primera.

Hay personas en cambio que arrancan de una y no paran. Van corriendo un rally imaginario. Apuran al de al lado, al de atrás y al de adelante. Y si no tienen a quien apurar, se autoexigen y corren contra ellas mismas. Aceleran antes de que se ponga en verde el semáforo y clavan bocinazos para despertar a algún despistado (¿o para tapar el sonido de vacío?). Fuerzan la máquina para avanzar al máximo aunque no vayan a ningún lado.

Hay gente que pareciera manejar una chata vieja con una gran cajuela, va parando y recolectando lo que le da la gana. Tiene un andar imprevisible, dependiendo de lo que carga. A veces mete a fondo y otras se frena, duda si se banca las cuestas, pero retoma la marcha. A veces se siente Fangio y otras, Pedro Picapiedra, pero va, el camino y las bocinas lo van llevando. A veces a los tumbos le sale volando un zapato, pero en los adoquines, donde otros conductores se sienten incómodos, sabe que los melones se van acomodando.

A otra gente le cuesta aminorar la marcha o poner freno de mano; para no decir eso (que ya dijo), para no recalentar motores y parar el envión en esa conversación que sabe va a contramano. Hay gente que se empecina en seguir por el carril equivocado, gente que, generalmente, termina chocando de frente.

Hay gente en cambio que avanza mansa, como en piloto automático, total ya sabe el camino. No le interesa innovar ni que lo sorprenda un atajo distinto, esa gente confía en las coordenadas que trazó en un principio y hacia allá va, no necesita cambiarlas y parecería ignorar cualquier imprevisto.

El tema es que si un día cambian las manos porque innova la autopista en sus tramos, la señalización cambia y se sienten extraviados…

El conductor sabio clava balizas cada tanto, estaciona en la banquina, reinicia el GPS interno y recalcula cuando es necesario.

 

COMENTARIOS