Hoy se celebra por primera vez el Día Nacional de Lucha contra la Obesidad para concientizar sobre el preocupante avance de esta enfermedad que afecta a grandes y a chicos. La buena noticia es que cambiando los hábitos lo podemos revertir.

 

Cada vez se habla más de alimentación saludable, hay más locales de comida casera y los mercados orgánicos se llenan de gente. Sin embargo, la obesidad sigue aumentando, tanto que Argentina es el segundo país de la región con mayor tasa de obesidad infantil y 2 de cada 10 adultos tienen sobrepeso u obesidad. La falta de atención y control de esta enfermedad no transmisible puede traer complicaciones, como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia, afecciones del aparato óseo o cuestiones cardíacas y cerebrovasculares (como accidentes o infartos) y se demostró que una persona obesa de larga data tiene mayor tendencia a desarrollar distintos tipos de cáncer. Es por ello que desde el Ministerio de Salud se estableció por primera vez este año que todos los terceros miércoles de octubre se conmemore el Día Nacional de Lucha contra la Obesidad.

Uno de los factores que más afecta a las personas con exceso de peso es la falta de inteligencia emocional para controlar la ansiedad, el estrés, la angustia, los miedos, entre otras, que suelen canalizar en la comida. “Esta cuestión resulta primordial para generar nuevas conductas que se sostengan en el largo plazo y lograr el éxito en un tratamiento”, afirma la Prof. Dra. Andrea R. Miranda (MN 149.634), médica nutricionista y directora médica de la Sociedad Argentina de Estética y Nutrición Integral (SAENI).

Si bien la mala alimentación y la falta de actividad física son considerados los principales causantes de la obesidad, la especialista refiere que esta enfermedad “debe ser atendida integral y multidisciplinariamente, tanto desde el sector público como en el privado”. En este sentido, aconseja tener en cuenta estas cuestiones para lograr el cambio de actitud necesario para mantener hábitos alimenticios saludables:

No a las dietas milagrosas

“No son balanceadas, variadas ni se ajustan a los gustos, la actividad física o las patologías asociadas de cada persona. Son estándar, restringen uno o varios grupos de alimentos; de ninguna manera enseñan hábitos saludables. Por ello son difíciles de sostener en el tiempo y producen efecto rebote. Un plan nutricional, por el contrario, sí tiene en cuenta las particularidades del paciente. De este modo, las nuevas costumbres adquiridas mantienen la salud emocional, mental y física del paciente. Para que un descenso de peso sea saludable se deben bajar entre 500 gramos y un kilo por semana”.

Cuatro comidas y dos colaciones al día

“Por la mañana estamos apurados y muchas veces tomamos una infusión ligera o directamente nada. Entonces, a las dos o tres horas, estamos más cansados y nutricionalmente no estamos aptos para desarrollar nuestras actividades. Como consecuencia, la primera comida que realicemos seguramente no va a ser adecuada en cantidad y calidad de las porciones. Es necesario realizar siempre las cuatro comidas diarias principales y las dos colaciones, sin saltearlas ni picotear entre horas. Lo ideal sería planificarlas desde el día anterior para no tentarnos con comida al paso”.

Controlar la cantidad y calidad de las porciones

“Lo recomendable no es privarse de los gustos, sino incorporarlos con moderación, disfrutándolos y manteniendo una alimentación equilibrada el resto del tiempo. Una porción saludable es aquella que el cuerpo requiere de acuerdo a la edad, la altura, la cantidad de actividad física que realiza, las enfermedades existentes, las etapas fisiológicas (por ejemplo, embarazo, lactancia, entre otras) para funcionar óptimamente y suplir las demandas diarias. Respecto a la calidad, hay que incorporar legumbres, frutas, vegetales y carnes magras que nos van a dar más saciedad y disminuir, aunque no eliminar, las harinas. También es importante leer las etiquetas de los productos que consumimos y no creer que un producto porque viene en un envase verde no engorda, porque es más liviano, pero sigue sumando calorías”.

Diferenciar entre hambre y ansiedad

“Elegir lo que consumimos es parte del equilibrio psicoemocional que nos mantiene saludables y los excesos siempre nos llevan a romperlo. Estos desbalances pueden traer como consecuencia el sobrepeso y la obesidad. En general, nos tentamos con la comida chatarra, aquella que no posee valor nutricional, solo suman calorías, azúcares, sal y grasas saturadas. Estas desencadenan en nuestro cerebro el deseo de consumir mayor cantidad, son adictivas. Entonces consumos más calorías de las que nuestros cuerpos pueden quemar”.

Realizar una actividad física que nos agrade y dormir bien

“Caminar al menos 30 minutos por día mejora nuestra actividad cardiovascular, ayuda a mantener el peso corporal, canaliza tensiones y previene y reduce la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2 o el colesterol alto. El ejercicio aeróbico en general es lo recomendado para perder calorías; por ejemplo, caminar, correr o trotar, hacer natación o spinning. Si lo hacemos al aire libre, aumenta la producción de serotonina, neurotransmisor que está asociado al bienestar. Es importante elegir una actividad física que nos guste y hay que dormir entre 6 y 8 horas diarias para evitar aumentos de peso”.

La lactancia materna previene la obesidad en adultos

“Al menos un 50% de los casos de obesidad en adultos podría prevenirse si desde la niñez adquieren hábitos alimenticios saludables. Con la lactancia, a partir de la primera hora de vida y hasta al menos los seis meses, se genera un hábito saludable en el que el niño come menos cantidad, pero con mayor frecuencia, a la medida de sus necesidades.

Para prevenir la obesidad los padres deben contribuir a una alimentación consciente desde el comienzo, por ejemplo no agregando azúcar a los alimentos para que su paladar se acostumbre al sabor natural y dándoles opciones saludables como alternativas a las golosinas. Hay que involucrar a los niños en la planificación de las comidas, para que puedan optar, dentro del abanico de alimentos saludables, por aquellos que se ajusten a sus gustos y, así, asegurarnos de que los van a comer y se van a alimentar bien”.

No elegir alimentos con alta carga glucémica

“Harinas refinadas, grasas saturadas, galletitas, snacks, productos de panadería, como facturas, empanados. Las grasas saturadas afectan al sistema cardiovascular y a las arterias y las harinas refinadas generan no solo al aumento de peso, sino también a tener mayor tendencia a celulitis y adiposidad localizada”.

Consumir cantidad suficiente de lácteos

“También se observa la baja ingesta de fibra, vitaminas y minerales. Hay pacientes que pueden estar con sobrepeso, obesidad, pero tienen carencias nutricionales y en el laboratorio se presentan déficit, sobre todo de vitaminas y minerales”.

Evitar bebidas azucaradas

“En su lugar se recomienda agua, jugo de frutas o bebidas dietéticas. Igualmente, hay que tener en cuenta que se está evaluando actualmente que los edulcorantes, excepto estevia, estimulan la insulina, que es una hormona lipogénica, es decir, formadora de grasa”.

 

Por último, la Dra. Miranda destaca la costumbre de que las reuniones sociales estén centradas en las comidas y nos recuerda que “lo que tenemos que hacer es reunirnos para relacionarnos desde otro lugar que no sea lo alimentario”.

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