Una buena nutrición favorece a su desarrollo y a una adecuada función cognitiva. Te contamos cuáles son los alimentos que no podemos dejar de incorporar desde que nacemos hasta nuestra vejez para optimizar el aprendizaje, el rendimiento y la memoria.

 

Se podría decir que una buena nutrición es el motor del cerebro y esta relación debe ser cuidada desde que nacemos porque el sistema nervioso central es el más inmaduro en relación a otros sistemas del cuerpo y completa su madurez a lo largo de la infancia, con un correcto aporte nutricional en los primeros años de vida.

Si bien tanto la psiquiatría como la neurología son las principales herramientas para la prevención y el tratamiento de las enfermedades neurológicas, en los últimos años ha habido significativos progresos en lo que respecta al aporte de la alimentación como protectora de la función y estructura cerebral.

“Es importante destacar que una adecuada alimentación en tiempo y forma favorece la correcta función cognitiva, que incluye memoria, lenguaje, atención, orientación; y favorece los mecanismos de neuroplasticidad, entendida como la propiedad natural de áreas del cerebro de adaptar su función y reorganizarse ante algún cambio ambiental o injuria cerebral, como por ejemplo un infarto o lesión cerebral”, explica la licenciada Teresa Cóccaro, nutricionista del Instituto de Neurociencias de Buenos Aires (INEBA).

Desde niños, los ácidos grasos, como el omega 3, no pueden faltar en la alimentación básica, ya que constituyen parte de la estructura de las membranas celulares y promueven al correcto funcionamiento neuronal. “El 60 % del cerebro está constituido por lípidos, cuya mayor concentración corresponde a los ácidos grasos poliinsaturados y como el cuerpo no los puede fabricar deben ser exclusivamente aportados a través de la dieta”, expresa la licenciada Cóccaro y agrega que “existen innumerables estudios que demuestran que un adecuado suministro de este ácido graso mejora la función cognitiva y la neuroplasticidad”.

Durante los primeros seis años de vida el aporte de ciertos nutrientes son condición necesaria para mejorar funciones, como el aprendizaje, el rendimiento escolar, y favorecer la memoria a lo largo del tiempo. Por lo que siempre deben estar presentes:

  • Hierro: carnes, huevo o lentejas. Interviene en la síntesis de neurotransmisores y oxigenación de las membranas celulares.
  • Vitaminas B6 y B12: cereales integrales. Favorecen los mecanismos de memoria.
  • Vitamina C: cítricos. Favorece la transmisión del impulso nervioso.
  • Vitamina D: lácteos fortificados, huevo, exposición solar. Relacionada con la prevención de enfermedades neurológicas autoinmunes como la esclerosis múltiple.
  • Vitamina E: aceites, frutos secos. Protege las membranas celulares del sistema nervioso.
  • Vitamina A: verduras como tomate y calabaza. Mejora la memoria y protege las células del cerebro a largo plazo.

La nutricionista advierte que “el déficit o inadecuado aporte de macro y micronutrientes alteran las funciones neuronales con el riesgo de un desarrollo cerebral con deficiencias o la aparición de enfermedades neurológicas por carencia nutricional”.

En cuanto al aporte calórico, también influye en el rendimiento cerebral por lo que hay que tener en cuenta que “no debe exceder las 1800 calorías diarias ya que el exceso de energía puede reducir la plasticidad neuronal con la posibilidad de daño de las células nerviosas; una dieta levemente hipocalórica tendrá un efecto protector sobre las células cerebrales. El aporte de hidratos de carbono no debe exceder el 60% del valor calórico total; el de proteínas, el 20% y el de grasas, el otro 20%, con un aporte menor al 5% de grasas saturadas de origen animal”, indica Cóccaro.

Alimentar el cerebro con los nutrientes adecuados desde que nacemos es, sin dudas, el mejor combustible para la generación de mejores condiciones para su desarrollo y funcionamiento a lo largo de nuestra vida.

 

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